Esa noche fue entretenida y bastante larga. Primero montamos la escenografía. Preparamos las antorchas, inventamos el volcán, usamos lava volcánica que recolectamos muy cerca de Lican Ray, algo de arpillera, papel celofán, algodón y brillantina roja, todo acompañado de una buena dósis de imaginación aplicada para transformar aquella mesa del comedor en un escenario en miniatura para que se lucieran las Miss Doll. Nos reimos bastante. Las velas-antorchas se derretían en el proceso, apagamos y encendimos las luces varias veces, muchas fotografías y cambios de vestuario para cada una de las muñecas. Imágenes que hoy parecen sacadas de un hermoso cuento de amor, fantasía y pasión. No se volverán a repetir así esos instantes, a menos que sea nuevamente juntos. Ya nunca más se podrá escoger una Miss Doll Chile de igual manera... a menos que lo intentemos de nuevo. El espectáculo fotográfico tuvo un buen resultado. Nos fuimos a la cama ya entrada la madrugada, contentos por el trabajo hecho.
La ganadora de aquella mágica jornada del recuerdo fue Leonora Contreras, de pestañas largas y rostro perfecto. Su presencia en el Miss Doll Universe haría historia (y sería protagonista de una gran polémica, hoy plenamente superada).







